jueves, 30 de agosto de 2012

Algunas suplicas y un ruego


Lo miraba de reojo y me mordía las uñas, demonios estoy segura de que me va a dejar, lo veo en su mirada, en esa que ya no posa en mi, antes cuando me miraba yo resplandecía de dicha, cuando me tocaba yo era feliz, yo… yo lo era todo, era una diosa que creaba vida, era un sueño hecho realidad, la musa de los deseos, era tanto.
No sé exactamente cuando todo entre nosotros se enfrío, yo te miraba, quizás demasiado, será que inconscientemente abuse de ti?, yo te deseaba demasiado, te ahogue con mi amor, con mi deseo insaciable, con mi lujuria lúdica.
Yo solo quería que te sintieras deseado.
-          ¿Por qué me miras así?, tu voz me saca del torrente de pensamientos.
-          Nada, respondo mirando rápidamente para otro lado, como si esos elefantitos de cerámicas sean lo mas interesante del mundo, noto que me como las uñas, pero no puedo evitarlo, me miraste un segundo… y vi un frío que no había visto, estoy segura, nunca me había mirado así, ya no me mira como antes.
Veo que te tocas los bolsillos, luego sonríes y tomas la billetera, no lo resisto mas, no soporto esta tensión que nos invade, este silencio que me ahoga, ni siquiera me miras cuando te vas ni un adiós, nada solo ese lento caminar hacia la puerta, demonios ya no me queda nada, ni dignidad, sin dudarlo un segundo me tiro a tus pies
-          No me dejes te lo suplico, me aferre a tus talones si querías dejarme tendrías que hacerlo despegándome de ti a patadas, yo solo tenia una idea en mente no perderte… Inspiración por favor… no me dejes… te lo ruego, te necesito, no soy nada sin ti, no escribo sin ti, no vivo sin ti.
Me miraste extrañado, me volviste a mirar.
-          Yo solo iba a comprar cigarrillos, me dijiste aun perplejo.
-          Ah, bueno haberlo dicho antes, sonreí y me puse de pie dignamente, acomode con las manos mi vestido y sonreí secando mis lagrimas, luego te clave la mirada de nuevo…
-          ¿Puedo ir contigo?

miércoles, 29 de agosto de 2012

Vainilla 1/4


Vainilla
Nik name: Vainilla
Pass:  *********
Char general:
Vainilla: Hola J
Lobo solitario:Hola vainilla J
Rosa gotiga: anoche no quería.
Lady: Tienes que apretar enter, luego te sale,
Chacalo: hola L
Mensajes privados:
 Cualquier idiota: HOLA PRESIOSA QUIERES HABLAR
Otro idiota: Me pone tu nombre.
Otro mas: quieres sexo.
Muchas ventanas parpadeando, miraba el computador sin mucho animo, siempre los había despreciado, no validaba los chat o ese tipo de relaciones cibernéticas como algo legitimo, consideraba todo una enorme chorrada, lleno de mentiras, gente de doble estándar que se escondía tras un nombre anónimo para decir o hacer lo que en la vida real jamás tendría el valor de hacer.
Con ese pensamiento en mente se dedico a responder a los que les escribían, era bastante cortante en sus respuestas, mas de uno le respondió con un insulto, algo así como si no quieres follar conmigo que te den, que te violen y cosas por el estilo.
Concentraba sus energías en mirar como el reloj avanzaba, lo cierto era, que de no haber subido ese accidente en que se quebró la pierna, no pasaría el día aburrida en su cuarto, fue el mismo doctor el que le recomendó distraer la mente, con largos 6 meses por delante, ya había dado el semestre por perdido, para evitar problemas lo congeló, retomaría en marzo nuevamente, pero que hacer con ese exceso de tiempo que ahora le sobraba.
Miraba al computador como su enemigo, hasta ahora solo había sido la herramienta con la que hacia sus tareas, de vez en cuando escuchaba música, pero no quería saber nada de esa gente que mentia, que se escondía tras el anonimato.
Mensaje privado
Benjamín:  ¿Por qué vainilla? Buscas romance?
Vainilla: que?? No.
Vainilla: por que lo crees?
Benjamin: Las relaciones vainillas son las románticas, empalagosas, de que mundo vienes.
Vainilla: yo lo puse porque era mi helado favorito. No sabia
Vainilla: lo siento, creo que esto no es para mi, me voy bye.
Benjamín: No!!! Disculpa no quería molestarte,
Vainilla: bye.
Bejamin: pero no me dijiste porque te pusiste vainilla.
Vainilla: ah eso, es mi helado preferido.
Vainilla: bye.
Se desconecto de chat, un poco molesta y muy frustrada, era lo que necesitaba saber, ahora resulta que existen códigos dentro de los chat que no manejaba.
Pero no dejo de pensar en porque se llamaba Benjamín y no de otra manera, debería haberle preguntado, se dijo a si misma.

viernes, 10 de agosto de 2012

Castigada


Hacia tanto que había sentido ese último latido, una última lagrima derramada. Los dioses me habían castigado, no solo a la mortalidad, juro que no me molesta tanto, como lo otro, por osar mirar a aquel que estaba prohibido, por intentar probar ese fruto negado, fui condenada.

 Podía tener  los hombres que hubiera deseado, cualquiera de ellos, bastaba una mirada, una sonrisa y eran míos, pero cometí el error de mirar a ese que no me deseaba, lo busque, lo acose, me mostré en todas las formas posibles hasta que finalmente lo conseguí, mientras estaba en mis brazos, podía mantenerlo feliz, sonriente, embriagarlo con el sabor de mi piel, y yo sentía, mi corazón era feliz, mi piel se entregaba sumisa, mis deseos arrasaban con mi razón, nublando todo pensamiento racional, Dios… como sentía.

Pero al dejarlo solo, cuando salía del sopor de ese amor frenético e impulsivo, él comenzaba a pensar, se sumía en la desesperación, en la culpa. Podía observarlo, trataba de comprender sus palabras, pero francamente no lo entendía, ¿no era una contradicción acaso, que me dijera que no quería nada y se perdiera en mí? Lo observaba sonriente, es mas confieso que sus contradicciones me divertían, me parecían tiernas y sin embargo, fui castigada, condenada al peor de los castigos, sé que siempre creemos  que nuestro castigo es el peor, sin embargo, se me condenó a no sentir, mi corazón ya no late al estar frente a un hombre, mariposas no anidan en mi vientre, y las lagrimas que disfrazo de sentimientos no son mas que la frustración de no poder sentir, lo comprendí cuando era tarde, sí era verdadero mi amor, debí haberlo dejado tranquilo y feliz.

Ahora castigada, hundida en esta desesperación de no sentir, en esa búsqueda frenética de alguna sensación miro con ternura  intentando aparentar, disimular el hecho de que no siento, para que crean que soy como ellos, que me crean mortal, he visto lo que le hacen a los diferentes, pero sí me preguntan, pienso que habemos muchos como yo, los insensibles, incapaces de dar ese latido amoroso, tal vez, en algún momento me atreva a preguntar a otro si también fue condenado.

Quizás no pueda sentir de amor verdad, quizás los dioses me han negado ese regalo, pero quizás pueda sentir, aunque sea mínimamente su presencia. Quizás si lo sigo intentando pueda volver a sentir su calor. Quizás con pararse ocasionalmente ante su presencia sea suficiente.
Quizás, palabra aprendida de él, siga azotándome contra las rocas, dejándome arrastras por el vaivén de las olas, hasta que esto lata otra vez. 

Serie Alucinaciones


Carta a mi hermanito…
Hay tantas cosas que quisiera contarte, tanto que no encuentro las palabras o ideas por las que comenzar, este constaste imaginarte diciéndome que hacer, tu cara de decepción antes mis contantes errores, nunca pensé que me harías tanta falta.
Muy cierto es eso que dicen que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos, el problema es que sí lo sé, he pasado la vida buscándote, y tenerte fue encontrar se hogar perdido, fue el detenerme en este mundo desolado y gris y sentir que no estaba sola, ahora vago de nuevo, pululando  entre emociones, entre risas y lagrimas, sumida en recuerdos.
El mundo sigue sin querer comprenderme o soy yo la que nos los entiende, aunque aprendí a fingir mejor, me rio de chistes que no me hacen gracia y sonrió a todo el que me mira, no comprendo porque no se detienen a ver el sol o las hermosas formas de luna, extraño caminar descalza o sentir la lluvia bañar mi cuerpo, me dicen que ya no debo hacerlo, que estoy débil y mi cuerpo no lo resistiría, sin embargo yo cada vez me convenzo más de que es mi alma la que poco a poco  comienza a abandonar mi cuerpo, en una búsqueda desesperada de comenzar de nuevo.
Antes de conocerte, no creía en la rencarnación, ahora es algo que mas que creer deseo, una segunda vida a ver si en esa encuentro mi casa y esa sensación de no estar nunca en el hogar desaparece.
Ya rara vez tengo miedo, mis sentimientos se van reduciendo conforme me lastiman, pienso en dos o tres golpes mas, ya no sentiré mas, tú me dirías algo así como que  soy una necia por dejarme lastimar de esa manera, que sí sé que alguien miente debo correr o tenga eso en mente para saber que esperar, y definitivamente me dirías que no soy  Penélope y que deje de esperar, ni hablar del síndrome de redención que me hace creer que todos tienen algo bueno adentro.
Ahora simplemente me dejo llevar por instintos mas básicos, sintiendo lo que se pueda, fingiendo mas que antes. Me he hecho fuerte, pero a veces quiero volverme débil y que me protejas...
Arruga rápidamente la hoja y la esconde en un bolsillo.
-          El doctor la recibirá ahora, la voz monótona de alguien superficial que ha pasado la última media hora limándose las uñas.
Me levanto mecánicamente y atravieso la puerta, miró al doctor, un psiquiatra de renombre, bastante guapo, supongo que así serias tú si existieras, es lo primero que pienso al verlo, pero este tipejo es un pesado.
-          ¿Cómo vas con el diario? Pregunta mecánicamente.
-          Bien aunque no he escrito mucho, he estado ocupada con el trabajo, planificaciones y esas cosas, miento, las tengo lista desde hace meses, pero él no tiene como saberlo.
-          Seria bueno que lo continuaras.
-          Has vuelto a alucinar con tu hermano.
-          No, la respuesta automática a esa pregunta.
-          Es bueno, cuanto llevas ya sin alucinar, anotaba y miraba apuntes que en teoría tenían que ver conmigo, aunque bien podría ser la compra del mes.
-          De pronto su mirada se clava en mi, veo sus ojos fijos en los míos, demonios, fui una tonta por haberme puesto a escribir justo antes de entrar.
-          ¿quiero verte traes algo mas en los bolsillos?
-          Dejo caer una lluvia de bolitas de papel, un mal habito que tengo cuando me pongo nerviosa, mira mis ojos fijamente, me comienza a dar rabia, pero conservo la compostura
Entonces hago que sin duda mas molestaría a mi hermanito, sonrió abriendo mi chaqueta saco la billetera que traigo escondida y dejo ver ese pronunciado escote que  desde los 12 años me ha dejado conseguir lo que se me viene en gana, mientras lo que tenga en frente sea un hombre.
-          Quieres revisar más de cerca, sonrisa N° 29, la de zorra autosuficiente, sé perfectamente lo que te pasa y que no te soy indiferente, por eso ahora soy yo la que  mira fijamente sus ojos.
La conversación deriva en programas de moda, repito mecánicamente lo que mis compañeros de trabajo dicen, la sesión por fin termina por fin, salgo  a respirar, solo eso y caminar, quizás debería confesar, que no he dejado de alucinar, solo te imagino de viaje… eso quiere decir que volverás?

sábado, 4 de agosto de 2012

Muñeca 2/2


Observaba fijamente y con cuidado, no sabía cuando comenzó a dejar de un ser objeto inanimado, si siempre fue así o  de alguna manera ganó un alma. Tenía vagos recuerdos de un tiempo atrás, se veía caída y observaba un hombre, otras veces la acomodaban mejor y podía verle bien, le observaba pensar, morder un lápiz, sonreír ante una idea,  era consciente de que él no se percataba de su presencia, aunque llegó a creer en mas de una ocasión que sí lo era.
Recordaba ahora perfectamente el día en que el hombre le preguntó, ¿tu qué opinas?, ese día él la miró a los ojos y ella sintió tal calidez en esa mirada que desde ese día nunca mas le dejo sólo, ella se dedicaba a hacer lo único que podía hacer, lo contemplaba.
En ese mirar silencioso, en ese mirar paciente aprendió a conocerlo, luego de un tiempo ya sabía cuando el venía triste, cuando estaba contento, aprendió a mirar sus ojos incluso a través del cristal que los separaba, sentía su animo, le admiraba, le amaba?, había escuchado esa palabra alguna vez de él, mientras se fumaba un cigarro, obviamente no iba dirigida para ella, solo era una muñeca sin importancia, una muñeca que solo podía observar.
Y observando descubría el mundo.  Y su mundo era ese hombre que cada noche se sentaba un par de horas frente al computador, a fumar, a jugar, a hablar, a lo que fuera, cuando mas le gustaba a ella, era cuando él escribía, podía verlo ahí transformarse, sonreía, entristecía, pero en esos momentos lo veía mas… mas allá de su cuerpo de carne, mas allá de su cascara, veía su alma.
Descansaba sobre la repisa sintiendo los rayos del sol, era temprano y vio a los niños entrar en la habitación, sintió como la tironeaban en distintas direcciones hasta que su frágil cuerpo llego al suelo, un crack y todo se volvió borroso.
No fue consciente de cuanto tiempo paso ahí en ese rincón caída, pero sí que su corazón se alegró cuando le vio aparecer, aunque fueran sus pies, ella los reconocía sabía que era él, su inexistente corazón se emocionó cuando él la tomo en sus manos, lo observaba llevarla vio el exterior y vio afuera por primera vez.  Sintió como la depositaba en un recipiente oscuro, ahora no me seguirán rompiendo, en la noche me reparara pensó y se permitió descansar.
La noche llegó helada  era su tiempo, ese que  compartían hace tanto tiempo juntos, bueno quizás se había equivocado, a fin de cuentas estaba todo oscuro. Seguro aun faltan más horas.
Despertó con un fuerte ruido, gritos y una campanita que no paraba de sonar, escuchaba a lo lejos ruidos metálicos que se acercaban, gritos de la gente corriendo, alguien no había sacado la basura cuando debía.
Se permitió entonces abrir los ojos, vio que estaba en un lugar que le era desconocido, sentía que algo la cubría y no le permitía ver, la confusión se apodero de ella y en su interior se lamentaba de haberse dormido, no lo observe esta noche, y se culpó.
El camión se basura sonaba muy fuerte, nunca lo había escuchado tan cerca, las voces de los recolectores le sonaban encima.
 Un hombre desde la vereda del frente miraba a los basureros hacer su trabajo.
De pronto sintió que la movían bruscamente, que la ponían de cabeza, de haber tenido lágrimas habría llorado, nunca habían sido tan rudos con ella.
-          Como nueva, dijo una voz familiar, entonces cuidadosamente le quito la sabana  que la envolvía, observo al hombre que conocía, le veía ojeroso y cansado, como cuando trabajaba toda la noche y miro un cuarto luminoso que le era desconocido.
Él la miraba analítico y finalmente sonrió, ahí estas le susurro, mientras acarició un frio rostro en el que se observaban diminutas grietas que indicaban una extenuante reconstrucción.
Volvió a sentarse a su repisa a observar y observo.

Muñeca 1/2



Yacía sobre estantería, hermosa, elegante y frágil una muñeca de porcelana, él se sentaba a realizar sus experimentos, a pensar, a veces fumar y entre las bocanadas de humo se sonreía a veces al verla, su rostro infantil y su mirada vivas, le hacían pensar que no estaba solo.


Pero como suele pasar con los objetos su vida es limitada, mas cuando vienen sobrinos de visitas y se trepan como monos por las paredes hasta botarla, de su caída nadie se entero, porque con tanto desorden era imposible que alguien pensara que tenia algún valor, solo un buen observador hubiera reparado en el hecho de que la muñeca no estaba cubierta con esa delgada capa que envolvía todo.
Cuando él lo notó fingió una sonrisa al publico, no importa se dijo, ya comprare otra, o mejor, no tiene nada que hacer aquí una muñeca rota, la tomó entre sus manos y la depositó en la basura, digo depositó, porque había algo tan suave en ese traslado que el decir simplemente la tiró no haría justicia a sus movimientos.

Cuando se fueron las visitas, comenzó ese desasosiego que se siente a veces, esa ausencia de algo insignificante, no una molestia fuerte solo algo... un malestar constante... algo faltada, esa sonrisa, esa mirada, no es que le importara mucho la verdad, pero ahora que no estaba, ahora que ya no le vería mas, sería que esa muñeca rota si tenia un valor para él?, sería que esos ojos no vivos, esa sonrisa artificial, habían llegado de alguna manera a su interior. 

-Es absurdo- se dijo a si mismo y apago la luz.

-Es absurdo- se dijo a si mismo y prendió la luz.