Isabella caminaba sola en la oscuridad, el silencio de la noche la envolvía mientras a sus pies sentía la montaña deshacerse, el frio comenzaba a incomodar su corazón, hacía varios meses que había dejado Hogwarts. No lo lamentaba en absoluto, ya que el año que Severus Snape fue director no fue el mejor de los años para estar ahí, ahora se sentía dichosa y en cierto modo feliz, estaba junto Charlie, el hombre del que se había enamorado desde siempre, aquel a que con solo tocarla la llenaba de paz y alegría.
Desde los once años, había estado enamorada de él, pero la diferencia de edad lo mantenía alejado, con casi 15 años, la escuela incompleta y trabajando para la Orden del Fénix muy a disgusto de la mayoría de sus miembros, no le quedaba más que vivir en soledad, disfrutando a veces de la compañía de su amado, pero sin ser realmente correspondida.
Ahora en su mente una frase daba vueltas…
-Isabela. Tendrías que ser un dragón para que me fijara en ti.
Isabella pensaba en Kassandra, su hermana metamorfo, ella podría haberlo hecho fácilmente, sin embargo las cosas nunca fueron tan sencillas para Isabella, y si alguna vez lo fueron… probablemente ella misma se las complicaría.
Un pensamiento en su mente la obsesionaba, una sola idea, ser un dragón. Sabía de muchos animagos que lograban convertirse en grandes bestias… o pequeñas criaturas, pero nunca había sabido de uno que lograra lo que ella pretendía.
Sin embargo, una noche escuchó un cuento para niños, que hablaba de dragones y de magos unidos a ellos, tan unidos que terminaban por volverse uno adoptando así la forma deseada.
Convencida de que la historia tendría algo de realidad, recorría las montañas ásperas e inhóspitas en busca de dragones nunca vistos.
Muchas cuevas había recorrido, hasta que se tropezó con la que tenia frente a sus ojos, en ella veía un majestuoso Galés verde, era difícil explicar en qué radicaba la magnificencia del animal, pues los había visto más grandes, mas jóvenes y más furiosos, sin embargo a pesar de lo peligroso que resultaba aquella bestia, el magnetismo fue inmediato, sin dudarlo entró hacia la cueva, estiro sus manos y lo tocó. El dragón no se movió, pero al observarlo detenidamente puedo ver que sus ojos estaban abiertos.
Una mirada acecina, fría y sin emoción llego directamente al corazón de Isabella, sin embargo ella podía sentir con sus manos lo que el animal sufría, comprendió así la soledad de infinitas noches, los desprecios de infinidad de personas, el miedo en los ojos de aquellos que lo rodearon, el miedo al monstruo. Pero este sin duda, era mas que un monstruo, pues dentro de aquel cuerpo hostil, un corazón tierno comenzó a despertarse, y en esa mirada ascesina, por solo una fracción de segundo pudo ver un destello de luz, reconocimiento quizás de otra alma solitaria.
- Te esperaba Isabela, dijo desde la oscuridad, ella observo al dragon y como si se tratara un sueño, incrédula lo vio convertirse en hombre.
- Eres lo que andaba buscando, sonrió con inocencia la niña.
Mas el dragon solo la miro con tristeza…- llegas tarde mi niña -fue lo su respuesta…
Ella lo observaba desconcertada había mucho que quería decir pero las palabras no parecían querer ordenarce en su mente.
- Para hacer lo que quieres, deberas sacrificar algo importante y ni aun asi te garantizo que lo logres, pues lo que quieres hacer, lo haces por las razones equivocadas.
Terca como era la joven, desafio al dragon a enseñarle la prodijiosa transformacion, ella estaba convencida, haría esta tranformacion o moriría en el intento.
El dragon comenzó a explicar una historia antigua, que hablaba de astros y de fuego, y dos amantes a los que se les prohibió verse, del peligro que implicaba a cualquiera acercase a ellos y de como ellos desobedecieron, fueron castigados, él convertido en dragon, ella en doncella errante
-Por muchas vidas de hombre he esperado por ti, dijo el dragón, pero ahora veo que este largo peregrinar entre humanos a confundido tu corazón.
- Yo estoy enamorada- dijo la joven con vehemencia y le soy fiel a él, no porque él me lo pida o me lo exija, sino que por mí.
El dragón sonreía a la niña, ciertamente la joven no comprendía lo que acaba de decir. No entendía lo que significaba serse fiel a uno mismo.
Para realizar la transformación dijo el dragón con calma, debes enterrar esa daga en tu corazón, renunciado a él para siempre, y luego tomar el mío que también te pertenece.
La joven dudo un momento, no quería dañar al dragón- algo en su interior le decía que no estaba comprendiendo la situación, que algo faltaba en esa explicación, pero la urgencia de la juventud y el temor de perder al hombre que amaba la hicieron apresurar su decisión, y así mirando al dragón con mirada suplicante le pidió permiso.
-Tranquila-dijo él- he vivido más de lo que hubiera deseado, he caminado en la oscuridad y te he llamado, pero al no escuchar respuesta me he rendido, pero al fin estas aquí…
Isabella miraba incrédula la figura ahora masculina del que fuera un dragón.
Con temblor en sus manos dirigió la daga a su propio corazón, rápidamente clavo el puñal diciéndose a su misma que lo hacía por amor.
Entonces el hombre saco la daga de su corazón sangrante y con una triste sonrisa en los labios la enterró sobre el suyo…
Fue difícil saber cuánto tiempo paso entre que se clavó la daga y que la sangre comenzó a fluir, pero aun en la oscuridad de la cueva, ella pudo ver los ojos del dragón tornarse lentamente de un café oscuro a un verde aceituna, confundida por la variación comenzó a perderse en esa mirada, reconociendo en ella la soledad más profunda, y viéndola luego en sus propios ojo. Esos ojos verdes la miraron firme y unas fuertes manos le sostuvieron la cara, pudo sentir su boca cerrándose sobre la de ella, su aliento invadiéndola, quemándola y encendiéndola hasta más allá de donde había sentido a sus casi 15 años.
Como sumergida en un sueño, estiro sus manos sujetándose de los cabellos de su dragón, sin importar peligros o la muerte, un llamado más urgente se despertaba en su interior.
Él con la habilidad de alguien que ha vivido mucho, la tomo en sus brazos, levanto con suavidad el cuerpo de la chica y conjurando una cama la recostó, Isabella lo miraba absorta, sonreía sintiendo su cuerpo exigirle convertirse en mujer, él miraba serio, decidiendo aun que hacer, mas el deseo también se hacía presente en él y olvidándolo todo se entregó al llamado de la voz suplicante de la joven, recorriendo con sus manos sus incipientes curvas, Isabella contenía el aliento, todo esto era confuso y mágico a la vez. Sin esperar su permiso, la joven lo envolvió con sus brazos, besándolo apasionadamente, un calor comenzó a invadir su vientre y podía sentir como el aire a su alrededor se le hacía cada vez más escaso, recorría con su boca el torso de su dragón, acariciaba su pecho y besaba su cuello, él solo observada aquel angelical cuerpo que tanto había esperado, y olvidado la ultima pizca de razón que lo contenía se arrojo al desenfreno del amor, con más fuerza de la requerida, invadió el cuerpo de Isabella quien se contraía una y otras mientras las oleadas de amor la invadían... sus ojos verdes refulgían como el fuego mientras que los de Isabella abandonaban el negro y comenzaban a tornarse ámbar y con este leve cambio que solo él podía notar, se cerraban entregándose al loco frenesí del amor.
Él sujetó su rostro llamándola ella respondió con miraba ardiente y cansina.
-¡DILO!- le dijo- ¡dilo niña!-
Como si la frase hubiera estado siempre ahí, ella encontró la respuesta que su dragón necesitaba.
-¡soy tuya!- le dijo con una voz que aun ardía en deseo- ¡siempre lo he sido y siempre lo seré!, te amo dragón.
Él simplemente respondió – ¡No lo olvides niña, siempre serás mía! Y comenzó a desmaterializarse.
Isabella lo miraba confundida pero las palabras ya no llegaban a su mente, podía ver la sangre aun… saliendo de su cuerpo, pero ya no tenía miedo a morir porque lo había amado.
Lentamente cayó en un profundo sueño, en su interior, sentía su cuerpo aun llamando a aquel que tanto placer le había dado, podía sentir su cuerpo replicar una y otra vez las cúspides de placer que había sentido y en el interior de su sangrante corazón sus palabras resonando.
-“Hoy te prometo amor eterno
Ser para siempre, tú y yo en el bien y en el mal
Hoy te demuestro cuanto te quiero
Amándote hasta mi final”.
La mañana llego lentamente, trayendo consigo a Charlie quien preocupado venía en busca de la niña a quien por asares del destino debía cuidar, al encontrarla su corazón se detuvo, viendo su cuerpo desnudo sobre la roca, cubierto de sangre y con una daga en la mano pensó que había tratado de matarse, rápidamente le conjuró una manta y la envolvió. Tomando decisiones rápidas se desapareció con ella hacia el cuartel que ocupaba la Orden del Fénix cerca de las montañas. Mientras tanto la joven ardía en lo que él pensó era una terrible fiebre, ella en un profundo sueño del que no parecía querer despertar lloraba diciendo
-¡No me dejes mi dragón, te recuerdo!
- Ciertamente delira, aseguro el sanador mientras le aplicaba poción reabastecedora de sangre.
Tres días estuvo Isabella ardiendo, para luego despertar calmada pero con una tristeza en el corazón, observo su cuerpo desnudo, algo había cambiado, sobre su hombro un mordisco como única prueba de que lo vivido no fue una alucinación.
Sonriente salió afuera al patio y tomando su varita se transformo, un galés verde, con una extraña cicatriz en el hombro derecho como marca distintiva, ahora sería ella la que buscaría y esperaría al dragón.

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