martes, 2 de diciembre de 2014

Nada

Podía sentir como caminaba sobre los trozos rotos de lo que otrora fuera la confianza en otro ser humano, mientras  una voz en su interior burlesca le decía te lo dije.

Podía mentirle a otros, pero no podía mentirse a sí misma, ella sabía que le mentía, sabía que él estaba con otras, y que su amor era condicionado, quizás por la conveniencia, quizás la comodidad o la necesidad, nunca lo sabría a ciencia cierta y dudaba que él lo supiera o que quisiera saberlo.

Él se conformaba con pasar momentos y fingir que nada pasaba, ella enfrentaba cada noche sus demonios, que le susurraban las verdades que la luz del sol ocultaba, en  su mente, sin lugar a donde ir, no quedaba más remedio que asumir y enfrentar la verdad.  Y su razón se burlaba del corazón.

Paciente se escondía en un rincón a mirar con cuidado los sueños rotos, a asumir que jamás se realizarían y vivir con la certeza incierta de que no habrían sueños, besos, caricias, como le dijeron una vez, quien podría quererla realmente. Simplemente era nada, menos que nadie, reemplazable, sustituible, indeseable, un ser con él que jamás podrían proyectarse, porque era nada, no era nadie, sin derecho a nombre, a título, a amor. Simplemente la nada.

Y bajaba la mirada con deseos de morir, y seguía viviendo, fingiendo ser feliz.


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