Solo le basto leer la primera línea para que su corazón de detuviera, cada letra era un pequeño puñal que rasgaba la carne de una herida que estaba muy lejos de cicatrizar, podía sentir el dolor en pecho, un dolor punzante que no le permitía respirar, entonces notó que un disco acompañaba la carta, lo puso, y al primer acorde todas emociones se agolparon en sus ojos, lagrimas contenidas de meses de espera salieron en un segundo, decir que nublaban su vista era poco, no veía nada, solo sentía, sentía su corazón latiendo aceleradamente era consciente de su cuerpo, incontables lagrimas bañaban sus mejillas, las sentía quemarse bajo el líquido que escurría y sus ojos enrojecidos estaban lejos de ser bellos, sentía fluidos escurrir por su nariz, mientras hacía inútiles esfuerzos por recogerlos con un pañuelo que colapsaba, su pecho casi convulsionaba en un frenético subir y bajar en busca de un oxigeno que parecía no llegar, cada bocanada de aire quemaba su boca que poco a poco había comenzado a hincharse. No era ni la sombra de la mujer que sonreía minutos antes, tantas fueron las lágrimas que ni siquiera quedo rastro del maquillaje.
Y en su mente los versos de la canción: Ven a mí, pero a donde ir. Tomo aire un segundo y releyó el papel que envolvía el disco: esto te pertenece, asumo que lo escribía al momento del accidente, lamento no habértelo hecho llegar cuando correspondía.
Y re-emprendió el llanto de una forma más frenética aun, ya ni siquiera sentía el aire entrar solo sus lagrimas ahogándola.