sábado, 26 de noviembre de 2011

EL JUICIO


256_e234c13560fd272ce673893c1ed50da9.jpg (256×342)El hombre se presentó solo y sin defensa ante el tribunal,  la corte reunida en pleno lo observaba, miradas acusadoras, condena en cada gesto, si miraba con atención podía ver expresiones de repudio y asco en esos rostros severos, respiro con dificultad, un suspiro ahogado por el miedo, o quizás el peso de ese aire tan denso que lo envolvía.
Transpiraba levente, toco su frente y recogió con el dorso de su mano esas pequeñas gotas que querían escapar de él, era tan culpable, ni siquiera el agua lo quería acompañar esta vez, sonrió al estrado buscando un poco de compasión, pero esos jueces estaban demasiado informados de sus crímenes, conocía cada acción realizada, no había forma de que le devolvieran un gesto que lo tranquilizara.
-          Su abogado defensor- , la voz severa del juez y otra vez esa mirada de desprecio que tanto le dolía, no era el hecho de ser juzgado en sí, lo que lo tenía nervioso, él se sabía culpable, era el tener que pasar por este absurdo juicio que ya sabía perdido.
-          No, no, nnn  tengooo  abogado defensor, dijo nervioso, como se odiaba a sí mismo cuando perdia la voz. Mientras un audible susurro quebró el silencio de la sala- quien querria defender a este, y una risa, escuchó y no pudo estar mas de acuerdo, quien podía defender a este.
El juicio se desarrollo de una manera dolorosamente lenta, uno a uno el cruel fiscal fue explicando a la audencia sus crímenes, contando las barbaridades que había cometido, una a una le recordaron las lagrimas que sus víctimas derramaron por él, una a una las penas que él desato, el sufrimiento innecesario de otros, que lo amaban sin duda y a quienes traiciono.
Nadie sabe cuando duro este juicio, pero el cada segundo fueron años, su cuerpo se deterioraba, todo su mundo se desmoronaba, y el continuaba ahí, estoico esperando su condena, era lo único que podía hacer…
Finalmente la cruel sentencia, una muerte lenta, muerte dolorosa, muerte en vida… fue condenado a vivir consigo mismo, a vivir permanentemente con este tribunal. Las lagrimas inundaban sus mejillas, sin duda esperaba un poco mas de piedad, una muerte rápida, pero porque abrían de tener piedad, si él no la tuvo con sus víctimas.
Toc, toc, los golpes en la puerta lo sacaron de su autoimpuesto encierro, miro desganado y abrió, de nuevo esta chiquilla boba, ¿qué quieres ahora?, quiero hablar, dijo ella sonriendo, no vez que no hay nada que decir, soy un hombre condenado, y soy culpable de mis crimines, no vez que ya no hay nada aquí, todo a mi alrededor está muerto.
La joven lo miró con copiosas lagrimas corriendo por sus mejillas, - ¿Qué crees que ves? Veo luz dijo ella, eso es lo único que queda, todo lo demás está destruido. La joven lo miró un segundo, visualizando el panorama completo. La verdad es que hacia tanto que estaba sumida en la oscuridad que ahora solo veía la luz y nada mas… a fin de cuentas que mas daba, ambos compartían la misma sentencia el mismo tribunal los había condenado al destierro y la muerte dentro sí mismos, que mas daba,  ambos eran culpables de los mismos crímenes… dañando a victimas similares.
Solo se sentó en silencio, y mientras él se dedicaba a cumplir la sentencia de su tribunal, ella avanzaba silenciosa y nerviosa por los pasillos del mismo tribunal, mientras miradas de desprecio inclemente se fijaban en su ser.

A veces tenemos días grises, que poco a poco se tornan negros, días tristes en los que nos asalta la melancolía, nos consumen los recuerdos y la culpa, ya sea  por crímenes cometidos, por crímenes callados o por crímenes jamás confesados, nos  dejamos arrastrar por esta vorágine, llegando al fondo más oscuro, siendo condenados por el tribunal más cruel, ese que no perdona, ese que sin clemencia condena y no da posibilidad a defensa alguna, ese en el que nosotros mismos somos juez y verdugo.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Se enamoró del mar.

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Caminaba errante por senderos desconocidos, sola, como siempre, soledad por ella misma elegida, porque estaba casada de ser contemplada, deseada como un vil trozo de carne, sin que nadie se molestara en ver más allá, sin que nadie esperara nada mas de ella, que solo una risa y un guiño, mucho silencio y sumisión, no estaba vacía, no era solo una cascara, era una mujer con deseos y anhelos, una mujer que soñaba sentirse  viva, amada deseada, no princesa, no reina, solo mujer.


A veces daba largos paseos por la playa, sin notar como de vez en cuando dejaba rodas una que otra perla de sal, al principio solo una, dos o tres, el mar constante bañaba sus pies, a veces mientras lloraba se sentía acompañada, era una idea loca, pero podría jurar que lentamente las olas aceleraban su llegada, de una cada 30 segundos, a 3 cada treinta segundos, pero que locura, si lo sabía bien, el mar es contante, es fuerte, es viril.
Mirando al mar se sentía mujer, se sumergía en sus secretos sentía sus caricias sobre la piel, lo  sentía su dueño, su amo, su don, la sensación de sentir como peligrosamente el vaivén de las olas la llevaban profundo y la sacaban a la superficie la hacía feliz.
Poco a poco fue conociendo a su amor, lo sabía enojado, molesto, a veces cruel, lo sabía tierno, cariñoso, pero misterioso.
Poco a poco asumió que se enamoró del mar y un día sin aviso se dejó llevar… se convirtió en sirena y dejó de soñar, porque todo ahora era real.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Corazón Domesticado.


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Ya pasado algún tiempo desde que le vi por última vez, aun lo veo aunque esté ausente, lo encuentro en el trigo, lo escucho en el viento, fui domesticado, pero lo fui porque yo quise serlo, la domesticación es una cosa demasiado olvidada, como algunas palabras hermosas, bienhallada por ejemplo, una de mis preferidas,  olvidamos las practicas más honestas, las palabras más hermosas, los sueños más puros. Crear lazos es algo que en este tiempo no se estila, el tiempo es escaso, crear lazos implica dedicación, afecto, paciencia, virtudes próximas a perderse como mi palabra preferida, por mucho tiempo anhelé ser domesticado, que las cosas en el mundo dejaran ser de ser simples, necesitar a alguien y ser necesitado, ser único en el mundo a los ojos de alguien y que alguien lo fuera para mí.
-          Por favor domestícame, fue mi suplica, me miró sin comprender, ¿por qué alguien querría ser domesticado si a la larga siempre producirá dolor? y agregó, pero no tengo mucho tiempo, conóceme dije yo, pero solo se conoce lo que se domestica, los hombres ya no tienen tiempo, todo lo compran hecho - ¿Quieres ser mi amigo?, domestícame (si soy un poco insistente, sobre todo con lo que es importante  para mí, y algo en mi interior me decía que este niño sabio lo era). Después de todo aceptó el desafío, al principio se acerco lentamente, y espero, poco a poco me fui acercando yo, sentándome cada día un poco más cerca, hasta que me deje acariciar, envolver y jugué.
Establecer una rutina no es algo fácil, el reunirse siempre a la misma hora es un complejo desafío en estos días, más para un hombre y alguien como yo,  pero aun así se hizo el tiempo y me domesticó.
Recuerdo claramente lo que dijo a las rosas la última vez que lo vi, ahora lo comprendo, una persona que me ve, no nota la diferencia, me ve igual a cientos de otros como yo, y sin embargo yo sé que ÉL podrías reconocerme entre un centenar de hermanos, y yo… yo podría reconocerte entre un centenar de hombres, mi corazón aun se alegra cuando reconoce algo tuyo, tus letras en la arena, o tus ojos en el cielo, o tu cabello en el trigo, pero nada inquieta mas mi corazón que tu voz que viaja libre en el viento.
A veces la necesidad de ti es demasiada y corro por los campos buscándote, solo un par de veces logre verte  a lo lejos, pero de eso también bastante tiempo, hay quienes dicen que te fuiste a donde jamás podré seguirte, pero un corazón domesticado se niega a esa realidad.
Soy un corazón domesticado,  libre y voluntariamente atado por un lazo de amistad, de amor, de respeto, un corazón domesticado paciente en eterna espera, tu presencia me llena, me reconforma y sacia, pero tu ausencia… tu ausencia me inspira, hace que valore y atesore mas cada momento juntos, cada palabra dicha, cada juego inventado, tu ausencia solo es mas de tu presencia, porque tu presencia vive en mi.
Soy un corazón domesticado, que te necesita, te ama, te aguarda y te sueña…un corazón domesticado, libre y voluntariamente a ti entregado.